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El movimiento conocido históricamente en Guatemala como la "Revolución de 1944" derrocó al régimen dictatorial del general Jorge Ubico, que por espacio de 14 años se había mantenido en el ejercicio del poder. Las movilizaciones populares contra la dictadura ubiquista se inician en 1944, protagonizadas inicialmente por los maestros y los universitarios, a los que pronto se unieron los obreros y otros sectores. La brutal represión con que el gobierno respondió a las manifestaciones, encendió más el descontento popular; el asesinato de la maestra María Chinchilla por la caballería de Ubico, se convirtió en una nueva bandera para los rebeldes. El movimiento opositor culmina con una huelga general de una semana. Las peticiones de renuncia al dictador se multiplicaron; una de ellas iba calzada con 311 firmas de sus colaboradores y amigos. Ubico se ve obligado a renunciar en junio de 1944.
Ubico dejó en el poder a una junta militar integrada por los generales: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda, quienes duraron muy poco. La salida de Ubico del poder levantó las esperanzas en los ciudadanos, aunque no suponía que acababan los ubiquistas. Más tarde el triunvirato decide dejar en el poder al General Federico Ponce Vaides. Los opositores al régimen aceptaron esto como algo "provisional" ya que habrían elecciones presidenciales.
El 10 de julio de 1944, el Presidente provisorio, contestó un memorial en el que se le pidió una declaración "categórica y expresa" de que no aceptaría ser postulado a la presidencia, asegurando que así sería. El día 12 de ese mismo mes, se estableció que las elecciones presidenciales serían el 17, 18 y 19 de diciembre. Pronto se organizaron nuevos partidos y se lanzaron candidaturas presidenciales, una de las primeras fue la del coronel Guillermo Flores Avendaño, quien había desempeñado un papel importante en la salida de Ubico, postulado por el Partido Social Democrático. Otros partidos fueron el Renovación Nacional, organizado el 1 de julio por Carlos Leonidas Acevedo, Oscar Benítez, Francisco Escobar, Alberto Herrarte, Mario Efraín Nájera, Juan J. Orozco Posadas, Raúl y Rodrigo Robles. En su seno se originó la candidatura de Juan J. Arévalo Bermejo que le fue propuesta hasta Argentina. A ella se unió el Frente Popular Libertador, un grupo conformado básicamente por estudiantes.
El gobierno de Ponce fue acentuando las persecusiones y la intimidación. No se atrevía a lanzar la candidatura oficial, pero hacía lo posible por obstaculizar la vida política y la propaganda. La represión aumentó después de ver la multitudinaria recepción dada a Arévalo, ya que su candidatura había prendido a la población. Ponce llegó al extremo de perseguir y detener a varios de los partidarios de Arévalo.
Pronto se hizo evidente que nada había cambiado. Los salarios bajaron y la represión aumentó. Ponce no tenía intención de convocar a elecciones, y trató con ilegalidades prolongar su régimen. La lucha popular continuó, hasta que el 20 de octubre, un movimiento amplio, en el que participaban estudiantes, maestros, obreros, oficiales del ejército e incluso algún sector de la clase dominante, derrocan al sucesor de Ubico, después de dos días de combate en los que participaron algunas guarniciones militares. Se inicia así lo que se llamara "la revolución de octubre".
La madrugada del viernes 20 de octubre se vivió en la capital del país una intensa guerra desde todos los puntos, la toma del Cuartel de Matamoros, y la destrucción parcial del Castillo de San José constituyeron algunos de los ataques ocurridos ese día.
En el Hospital General había una extraordinaria actividad. Nunca se supo cuantos muertos ni cuantos heridos hubieron en la balacera desde la madrugada hasta aquel mediodía, y en las esporádicas que se produjeron varios días después. Sin embargo, es posible afirmar que el lanzamiento cívico-militar dejó muchas bajas.
En la tarde del mismo viernes, las estaciones radiales como la TGW anunciaban el triunfo de la Revolución, en las calles se observaban "carros" repletos de revolucionarios levantando sus fusiles en señal de victoria, Ubico y Ponce ya no daban señales de vida en el país, puesto que habían huido.
Entonces asumió el poder una Junta Provisional, integrada por el capitán Jacobo Arbenz Guzmán, el mayor Francisco Javier Arana y el civil Jorge Toriello Garrido. La Junta convocó a una Constituyente y a elecciones generales, que el 1 de marzo de 1945 llevarían a la Presidencia a Juan José Arévalo.
"UN NUEVO DESPERTAR". Talvez lo más grande de la revolución de octubre del 44 fue el despertar de una nueva era, cuya etapa anterior finaliza con la caída de Ubico y Ponce. Con ellos caen esquemas detractores del desarrollo, como lo son el liberalismo Cabrerista-Ubiquista, el conservadurismo retrógrado y al caciquismo al que tan proclive son las masas incultas y algunas minorías oportunistas. Se abre libre juego de ideas, fundamental para la Democracia y los principios básicos, como el respeto a la persona y la igualdad de todos ante la Ley.
La Junta de Gobierno no obstante el corto plazo que prevé estar al frente del Gobierno, trata de atender de una forma activa y eficiente los problemas del pueblo, organizando convenientemente los servicios públicos, prestarle ayuda a los trabajadores del campo. Esta Junta de Gobierno convoca a elecciones generales en diciembre de 1944 llevando al poder al Dr. Juan José Arévalo Bermejo quien obtiene el 85% por ciento de los votos de dicha elección.
Los gobiernos revolucionarios fueron:
LA JUNTA REVOLUCIONARIA DE GOBIERNO (1944), encabezada por el Capitán Jacobo Arbenz Guzmán, el ciudadano Jorge Toriello Garrido y el Mayor Francisco Javier Arana. Esta junta fue establecida el 20 de octubre de 1944, y duró hasta el 15 de marzo de 1945 cuando entrega el poder al Dr. Juan José Arévalo Bermejo.
JUAN JOSÉ ARÉVALO BERMEJO (15 de Marzo de 1945 A: 15 de Marzo de 1951)
JACOBO ARBENZ GUZMÁN (15 de Marzo de 1951 A: 27 de Junio de 1954)
JULIO CESAR MÉNDEZ MONTENEGRO (01 de Julio de 1966 A: 01 de Julio de 1970)
A este último se le conoce históricamente como el último gobierno de la revolución, puesto que Julio César Méndez M. fue uno de los miembros que luchó el 20 de octubre de 1944. Planes para derrocar a Arbanez
En 1953, el Departamento de Estado de Estados Unidos, cambió de embajador en Guatemala, poniendo a un hombre propicio para el complot, que anteriormente había sido colaborador de la CIA. se trataba de John Peurifoy, quien fue enviado a Guatemala. Mientras tanto, desde inicios de 1953, diversos opositores al gobierno de Arbenz (Ponce Vaides, el aranista Roberto Barrios Peña, Ydígoras Fuentes...) acudían a diversas embajadas estadounidenses para presentar planes destinados a derrocar a Arbenz, y así postularse como los más destacados para dirigir el complot. En agosto de 1953, el gobierno de los Estados Unidos autorizó el plan encubierto para desestabilizar y derrocar a Arbenz. Los encargados principales para llevarlo a cabo fueron los hermanos Allan y John Foster Dulles, el primero jefe de la CIA, y el segundo Secretario del Departamento de Estado, ambos figuras prominentes en los cuadros de dirección de United Fruit Company, también fue contratado C.D. Jackson, asesor especial del presidente Eisenhower y experto en guerra psicológica; Howard Hunt, jefe de propaganga de la operación, y un selecto grupo de élite en operaciones encubiertas, quienes comenzaron su operación en contra del gobierno guatemalteco desde la base aeronaval de OpaLoka ubicada en Miami.
La prensa nacional e internacional reproducía las noticias preparadas desde el Departamento de Estado, y pocas veces se ha visto una campaña publicitaria tan vasta como la que se montó para demostrarle al mundo que Guatemala era un país comunista que atentaba contra las instituciones democráticas, la seguridad del Canal de Panamá y los valores inconmovibles del mundo occidental.
La Iglesia Católica entró en acción directa contra el Gobierno, y desbordó su cruzada contra el comunismo y llevó una procesión en todo el país con una réplica del Cristo de Esquipulas, imagen tan venerada en Centro América y México, con el objeto de movilizar las capas católicas de la población contra quien consideraba el enemigo común de la democracia. Fue, sin embargo, en la carta pastoral que el episcopado guatemalteco publicó el 9 de abril de 1954 (dos meses y medio antes del derrumbe revolucionario) donde expresó sin reservas su llamado a la subversión. La participación de la Iglesia en asuntos que no le incumbían y su apoyo a las fuerzas liberacionistas de Castillo Armas, fue crucial para la caída del régimen de Arbenz. La presión internacional, entonces se intensifica con la prensa, por los comunicados oficiales, incluso del mismo Eisenhower, quien expresa su inconformidad con Arbenz. Sin embargo, Arbenz no dió marcha atrás, pero no tenía alternativas propias más que resistir hasta donde fuera posible. En junio, mantuvo una vana esperanza: que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a solicitud de Guatemala detuviera la agresión armada exterior. Desde mayo, aviones diversos lanzaron volantes sobre el país asegurando la cercanía de la invasión terrestre, y comenzaron a realizar algunos bombardeos a partir de junio, los cuales acrecentaron a partir del 19. Las tropas (300 hombres) de Castillo Armas estaban en Honduras, ya próximas a la frontera de Guatemala desde mayo. El día indicado, varios cuarteles capitalinos son bombardeados, así como las bases de Cobán y Chiquimula. El pánico empieza a generalizarse, las tropas de Castillo Armas penetran en territorio guatemalteco el 19 de junio y provocan algunos sabotajes ese mismo día. El ejército de Guatemala consiguió una pequeña victoria al derrotar parcialmente las fuerzas castilloarmistas, pero se niegan a dar el jaque mate con el temor que fuerzas estadounidenses vengan en su auxilio. Ante la amenaza, la cúpula militar considera que Arbenz debe renunciar para salvar al mismo ejército y al país. De manera espontánea, Arbenz y Fortuny hacen el último intento de repartir armas a los sindicalistas y militantes de los partidos oficiales, con conocimiento de Carlos Enrique Díaz, jefe de las fuerzas armadas. Pero el 26 de junio apenas si se presenta un centenar de ellos en los lugares convenidos, entonces Arbenz decide no entregarles lo ofrecido y decide renunciar. Arbenz renunció el 27 de junio de 1954, dando por terminado así el régimen revolucionario. Arbenz dejó en el poder a Carlos Enrique Díaz, y pronunció su famoso discurso de renuncia en cadena nacional.
Antes de salir del país, Arbenz y su familia fueron humillados y obligados a desnudarse. Jacobo Arbenz Guzman Nació en la ciudad de Quetzaltenango, el 14 de septiembre de 1913, era hijo del ciudadano suizo Jacobo Arbenz, y de doña Octavia Guzmán, originaria de Quetzaltenango. Realizó sus estudios primarios en la ciudad de Quetzaltenango. En 1932, ingresó a la Escuela Politécnica de la capital, con el número 497, siendo cadete pensionado. Fue alumno distinguido; se dedicó al estudio de los problemas sociales, políticos y económicos. Contrajo matrimonio con la señora María Vilanova de Arbenz de origen salvadoreño.
Fue uno de los principales miembros de la Revolución de Octubre de 1944, con el grado de teniente coronel. Su lucha principal fue en contra de los grandes intereses norteamericanos lo que le costó su derrocamiento. Los monopolios corformados por la United Fruit Company, la IRCA, y la Bond and Share, eran manejados por altos personajes norteamericanos.
Construyó la Carretera al Atlántico. Proyectó la Hidroeléctrica Jurúm-Marinalá. Repartió tierras a los campesinos, de acuerdo con el Decreto 900, Ley de Reforma Agraria.
El 27 de junio de 1954 entrega el poder, cuando un poderoso ejército al mando del coronel Carlos Castillo Armas invade el territorio nacional desde Honduras. Arbenz entregó el poder a Carlos Enrique Díaz de León. Después de haber entregado el poder se asiló en la Embajada de México. Falleció en la capital de la República de México en la madrugada del 27 de enero de 1971.
Los motivos del histórico Decreto 900 del Congreso de la República, promulgado en el Gobierno de Arbenz dicen:
CONSIDERANDO:
Que uno de los objetivos fundamentales de la Revolución de Octubre, es la necesidad de realizar un camino sustancial en las relaciones de propiedad y en el de las formas de explotación de la tierra, como una medida para superar el atraso económico de Guatemala y mejorar sensiblemente el nivel de vida de las grandes masas de la población;
CONSIDERANDO:
Que la concentración de la tierra en pocas manos, no solo desvirtúa la función social de la propiedad, sino que reduce una considerable desproporción entre los muchos campesinos que no la poseen, no obstante su capacidad para hacerla producir, y unos pocos terratenientes que la poseen en cantidades desmedidas, sin cultivarla en toda su extensión o en proporción que justifique su tenencia;
CONSIDERANDO:
Que conforme el Artículo 90 de la Constitución, el Estado reconoce la existencia de la propiedad privada y la garantiza como función social, sin más limitaciones que las determinadas en la ley, por motivos de necesidad o utilidad públicas o de interés nacional;
CONSIDERANDO:
Que la expropiación y nacionalización de los bienes alemanes como indemnización de guerra, debe ser el primer paso para modificar las relaciones de la propiedad agraria y para introducir nuevas formas de producción en la agricultura;
CONSIDERANDO:
Que las leyes dictadas para asegurar el arrendamiento forzoso de las tierras ociosas, no han satisfecho fundamentalmente las necesidades más urgentes de la gran mayoría de la población guatemalteca;
POR TANTO:
Con fundamento en los artículos 67, 88, 90, 91, 92, 93, 94, 96 e incisos 15 y 25 del artículo 137 de la Constitución de la República,
DECRETA:
La siguiente:
LEY DE REFORMA AGRARIA |